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En mis años de estudio y práctica del Feng Shui he conocido experiencias muy sorprendentes, dignas de ser compartidas:

Recuerdo un estudio que realicé en Madrid a una pareja joven que llevaba siete años conviviendo. Su relación era envidiable, sin apenas discusiones. Entonces, con la intención de tener familia, decidieron comprar una casa más grande en una urbanización muy agradable.


Siempre habían creído en el Feng Shui y por ello me encargaron un estudio para su nueva vivienda. Una vez
realizado el análisis de las orientaciones y las estrellas, descubrí que el piso era un entorno propicio para los problemas de
relaciones, tanto de amistad como de pareja.

Como es costumbre, acudí a la vivienda a los pocos días de estar asentados en ella y les comenté los resultados del estudio: tan sólo la zona del sofá y la terraza interior eran adecuadas para dialogar sin discutir, pues de hacerlo en otros sectores su propia relación corría peligro.

Mi sorpresa surgió cuando los jóvenes comenzaron a reírse delante de mí. Les parecía increíble, pero en tan sólo una semana se habían dado cuenta de que lo que el Feng Shui marcaba era cierto:

"Tuvimos una cena de inauguración con amigos y nos llamaron la atención porque nunca nos habían visto discutir, no nos pusimos de acuerdo en toda la noche".

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